Me mira. Está arriba del ropero y me mira. No sé cómo
entró, me debo de haber dejado una ventana abierta, o tal vez cuando fui a
barrer la vereda, no sé, pero ahora está ahí y me mira. Tampoco se me ocurre
cómo sacarlo, porque hay que sacarlo, molesta, no me deja dormir, aunque apague
la luz sé que sus ojitos azules me están mirando y es inútil que cierre los
ojos o gire la cabeza para el otro lado, es igual, sé que me está mirando y es
igual. Voy a tener que hacer algo. Mañana.
Cuando me desperté no estaba. Pensé que lo
había soñado, pero al entrar en la cocina lo vi, ahí, desde donde ahora me está
mirando, agazapado en ese hueco entre la heladera y la mesada. Me pone
nerviosa. Tendría que hacer algo, pero ¿qué? No sé, me da vergüenza llamar a
algún vecino, seguro que pensaría: “por tan poca cosa” o “cómo son las
mujeres”. No, ningún vecino, yo tengo
que hacer algo. Porque me mira y me pone muy nerviosa.
Parece que le gusta la cocina, no se movió
de acá en todo el día. Mientras preparé la cena evité mirarlo, pero ahora no me
deja comer, aunque mire la televisión sé que él me está mirando y la comida se
me atraganta ¿tendrá hambre? ¡Lo único que faltaba, que encima le de de comer!
No señor, ni pensarlo. Lo que hay que pensar ahora es cómo sacarlo de acá. Si
Jorge volviera pronto.
Hambre no tiene, me comió las sandalias.
Todavía no pude sacarlo, aunque tampoco lo he intentado. Cada vez es peor, me
sigue por toda la casa, a donde voy lo encuentro, en donde miro están sus
ojitos azules. Me voy a poner a planchar ropa y voy a poner la novela bien
fuerte cosa de olvidarme, de no pensar.
No aguanto más, van dos días sin bañarme.
Desnudarme me da miedo, o vergüenza, no sé, pero no puedo bañarme. Ya no me saco la ropa ni para dormir. Y él sigue
mirándome, no se mueve, está siempre quietito, pero donde voy lo encuentro. Se
mueve... aunque yo no lo vea moverse.
Ya me comió las cortinas, y ahora un par de
zapatos, hay que ver tan chiquito y como traga. Yo casi no como, aunque cocino
todos los días no logro comer, no me pasa nada. Dejo la comida en el plato para
ver si se la come pero no, todo va a parar a la basura. De cualquier forma ya
no queda mucha comida en la heladera.
Cuando venga Jorge voy a tener que ir al supermercado.
Está engordando, o creciendo, ya no entra en
el hueco de la mesada, ahora se queda quietito al lado de la mesa, no hace más
que mirarme, a veces creo que voy a gritar. Ya no me queda ropa, llevo lo
puesto, hasta las corbatas de Jorge se comió. Y ahora me mira, los ojitos
perdidos e la cara enorme. Sí, debe estar creciendo.
El sueño no me da tregua, llevo días sin
dormir y él ahora está arriba del televisor, es enorme. Los ojos se me cierran,
no quiero aflojar, pero no hay caso, el sueño me gana de a poquito. Abro y
cierro los ojos. Ahora está sobre la cama, tendría que hacer algo, gritar al
menos, pero no puedo y abro y cierro los ojos y no sé en qué momento subió pero
lo tengo sobre el vientre y abro y cierro, lo veo de cerca, abro y cierro,
recién ahora le veo los dientes.
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