domingo, 30 de noviembre de 2014


THE REST IS SILENCE

 

   Perdió el cenicero, lo buscó por toda la casa y nada. Ese día tiró la ceniza en un plato. Al otro día fue el encendedor. Pensó “Inés, otra vez con que deje de fumar”. Otro día desapareció el jabón, otro día Inés. “Se llevó el jabón –se dijo-, cómo son las mujeres”. Pero el encendedor le dolía, era de oro. Faltaron algunos papeles que, supuso, fueron devorados por el desorden del escritorio, pero no le importó: cuando pensó esto el escritorio ya no estaba.

   La desaparición de una carta espinosa le resultó grata, la de las sillas incómoda. Cuando faltó la cama durmió en el suelo. Cuando no hubo techo se dormía viendo las estrellas.

   Las paredes se fueron, dejando entrar el frío, lo tomó con calma y tomó un pullover, desapareció cuando ya estaba entrando en las mangas. “Lo mismo” pensó. Tal vez quiso decir “lo mismo da”. pero nunca se sabrá, se fue borrando junto con las palabras. Y el resto es silencio.

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