Cantaba la lluvia en los techos haciendo
chaz-chaz sobre la chapa. Adentro el calor les hacía cosquillas, les sudaba las
axilas y les sacaba la ropa. Y cuando dos quedan sin ropa ya se sabe lo que
pasa.
Cuando acabaron de rodar sobre la sábana
pringosa ella dijo: “Si pudiéramos abrir las ventanas” y él: “Si parara de
llover”. Entonces paró de llover. Los dos se miraron con miedo. Él se puso una
camisa y ella corrió a abrir las ventanas. Al rato se esquivaban los ojos, se
huían los roces. El prendió un cigarrillo y ella miraba la novela, cada cual en
su mundo, ella pensando: “Si lloviera” y él: “Si cerráramos las ventanas”.
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