domingo, 22 de marzo de 2015


PARA EMMA

 

   En la pequeña aldea de Yonville, con el veneno ingerido en la botica, una mujer se quitó la vida. Este suceso, de tan poca originalidad fue rodeado de comentarios sobre los mismos deslucidos temas de siempre: desavenencias conyugales, adulterio...

    Lo que la crónica omite es la frase final de esta señora.

“Gustave Flaubert c’est moi” dicen que dijo.

     Frase que, deformada por la posteridad, ha servido para encumbrar a un hombrecito de bigotes.

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