PARA EMMA
En la pequeña aldea de Yonville, con el
veneno ingerido en la botica, una mujer se quitó la vida. Este suceso, de tan
poca originalidad fue rodeado de comentarios sobre los mismos deslucidos temas
de siempre: desavenencias conyugales, adulterio...
Lo que la crónica omite es la frase final
de esta señora.
“Gustave Flaubert c’est moi” dicen
que dijo.
Frase que, deformada por la posteridad, ha
servido para encumbrar a un hombrecito de bigotes.
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