domingo, 26 de octubre de 2014


LA TAZA 

 

     El que le vendió la taza aseguraba que en ella podía uno ver su propia muerte.

     Sin embargo, cuando sirvió el café, o mejor dicho, cuando el humo hubo menguado como para permitirle ver, sólo encontró su rostro.

- Me engañaron- dijo con la voz aun asomada a la taza.   Fue lo último que dijo.

     Quién sabe si alcanzó a verse con la muerte puesta en ese largo segundo entre el disparo a sus espaldas y el rostro golpeando en el café.

 

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