domingo, 28 de septiembre de 2014


DE LAS REVOLUCIONES DE LAS ESFERAS CELESTES

     Cierta vez la relojería celeste falló. Se saltó un engranaje o vaya uno a saber qué y de pronto un día el sol no salió. En vano lo esperaron por occidente y, los que descreen de las brújulas, por otros lados. No salió. Cuando a la siete de la tarde, la humanidad, que se da por vencida fácilmente, se había ya resignado a vivir en tinieblas, milagrosamente empezó a clarear.

     Consultado al respecto, el Colegio Suizo de Relojeros explicó que arreglar la máquina celeste era un trabajo arduo y costoso y que más valía adelantar los relojes doce horas y seguir como si nada.

     Así se salvó la situación y todos olvidaron aquel día equívoco. O casi todos. Los porfiados se negaron a cambiar la hora de sus relojes y siguieron viviendo  a la antigua. Hoy casi todos han conseguido trabajos de sereno y cuando veranean abarrotan las playas por las noches, usan lentes oscuros y se ponen bronceador, por las dudas.

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